¿Qué dirá la historia?
M.A. Guzmán Gómez(*)
Los hechos ocurridos en nuestro país los días 11, 12 y 13 de abril de 2002 no tienen parangón en toda la historia universal.
Jamás había acontecido que un presidente elegido con amplitud comicial en unas libérrimas elecciones democráticas y contando cada vez con mayor aceptación popular, fuera derrocado por una ultra derecha civil oli-castrense en conchupancia criminal con unos medios de comunicación convertidos en partidos políticos opositores y unidos, todos ellos, contra el país y su pueblo.
Tampoco tiene semejanza alguna el hecho inverosímil de haber retornado al poder, en menos de 48 horas, el gobierno legítimo depuesto, gracias a acciones públicas heroicas, llenas de furor revolucionario, de un pueblo venezolano dispuesto a todo sino le regresaban a “su presidente Chávez” y a la también patriótica y no menos leal actitud gloriosa de los soldados acantonados en Miraflores que, flameando con orgullo nuestra bandera tricolor, le dieron la bienvenida triunfal al secuestrado presidente, quien durante el insólito cautiverio fue sometido a improperios y vejámenes de todo tipo en un intento por amedrentarlo y lograr la firma de su renuncia al cargo que jamás lograrían, por el contrario la respuesta de un Chávez decidido fue siempre “tendrán que matarme”. Fueron horas de incertidumbre inicial que nunca mas volverán..
Bueno es recordar que si el golpismo degenerado, comandado por el empresario Carmona y sus secuaces, se hubiese salido con la suya ¿dónde estaría el presidente Chávez? , ¿lo hubieran llamado a la conciliación como él sí lo hizo? Por supuesto que no, y, es más, creo que no estuviera vivo. Si antes no lo ejecutaron fue porque algunos de los militares, encargados de la custodia, lo impidieron. Luego, el exceso de generosidad política del presidente, señalada en su alocución de retorno en horas de la madrugada del 13, asombró a todo el mundo, pues en todos los golpes de estado, en cualquier país, al menos los cabecillas o jefes del golpe, civiles y militares, van directo a prisión, inclusive los ejecutan de existir la pena de muerte. Y el terrorismo de los medios de comunicación, involucrados “hasta los tuétanos con el golpe” y no para la información veraz y objetiva, tampoco se sancionó, al menos con la clausura, que la hubiesen acatado sin chistar. Era el momento.
¿Qué pasó luego? El llamado a la concordia, a la magnanimidad – “virtud de las grandes almas” – que hizo el presidente con inequívoca gallardía, lo tomaron los golpistas como “debilidad del régimen” y desde ese mismo instante comenzaron a preparar, sin pausa, todo el caos político-económico que “incendió” al país, culminando con el llamado y criminal paro petrolero, dirigido a acabar con la patria….y casi lo logran… aun no escarmientan y ¡aspiran volver a gobernar! ¿Qué dirá la historia?
La frase: La tolerancia es tan aliada de la revolución, como enemigas lo son la prepotencia y la arrogancia.
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