Una Alcaldía inútil
M.A. Guzmán Gómez(*)
Desde que se creó la figura de las alcaldías (1989) para regir los llamados gobiernos locales (municipales) y de manera puntual para administrar debidamente la ciudad-capital, ninguna obra, absolutamente ninguna importante le han construido a Ciudad Bolívar las diferentes gerencias herianas desde su creación hace 22 años. Piense y no encontrará ni una.
Y aun no se conocen propuestas ni planteamientos serios que promuevan la ejecución de alguna de las tantas obras que le han negado a nuestra malograda capital. Únicamente, entre los servicios básicos que es de su competencia directa como todo lo que requiere una ciudad, se abordó con decisión y mucha inversión lo concerniente al suministro de agua potable, pero sólo fue posible por la intervención del gobierno regional a través de Hidrobolívar y sin que la alcaldía haya aportado ni siquiera un gesto de gratitud, a pesar de que se sigue trabajando.
Ninguna ciudad progresa ni se desarrolla, mas bien se estanca, con solamente dedicarle un escaso y mínimo mantenimiento, que es de rutina como tapar uno que otro hueco vial, limpiar algunas calles y/o avenidas, desmalezamientos y un aseo urbano muy irregular con unidades en su mayoría improvisadas e inapropiadas para cumplir con la eficiencia requerida, al tratarse de un servicio público que debe ser ejemplo de saneamiento ambiental y no el escenario deprimente que presenciamos por estas calles bolivarenses. Son esas las casi únicas actividades “principales” que se “planifican” desde la alcaldía angostureña.
Ninguna de las obras que a los electores se les prometió en plena campaña demagógica de búsqueda de votos ni siquiera se han vuelto a mencionar y mucho menos la posibilidad remota de proyectos y ni hablar de su construcción. Mucho se habló, por ejemplo, de ubicar “elevados estratégicos” en cruces viales neurálgicos por el creciente flujo vehicular : redoma vía PZO, en intersecciones Colón-España con perimetral, un Sistema de Transporte Público (Trolebús o similar), las cloacas indispensables en muchos sectores populares; vías alternas norte-sur, básicamente, para lo cual habría que decidir qué hacer con el estadio y el aeropuerto, cuya reubicación la mayoría de los expertos coinciden debe ser hacia el este y así aprovechar la autopista, que permitiría un fácil acceso al nuevo terminal aéreo.
¿Y sobre la urgencia de los drenajes para las aguas pluviales, cuya poca o mediana intensidad convierte a Ciudad Bolívar en un Orinoco urbano?. Sobre ello, ningún alcalde ni funcionario competente ha emitido la más mínima opinión al respecto, al menos públicamente como debe ser, a pesar de existir un buen proyecto del experto hidráulico Hugo Saturno Bello, cuya copia reposa – o duerme – en el despacho de la alcaldía desde el primer año de gestión del anterior burgomaestre -el original, en sepia, los mantiene CVG bien guardados (¿?) -. Su ejecución es factible, inclusive, por sectores y La Sabanita podría ser el comienzo y su financiamiento no es nada difícil. ¿entonces?.
En este cúmulo de desidias y negligencias locales, también las políticas “regionales” excluyentes siempre de la CVG, de sólo beneficios para PZO, causaron igualmente mucho daño a CBL, a excepción de Argenis Gamboa, en cuya positiva gestión presidencial fue el único en beneficiar la capital impulsando y ordenando la ejecución del edificio sede (que nunca lo fue), hoy UBV, los primeros Centros Ambulatorios , hoy CDI, la zona Industrial “Los Farallones”, mayormente abandonada por los gobiernos locales, rehabilitación de la vialidad primaria urbana, etc. Por el contrario, un ministro guayanés, dominado por el síndrome de la arbitrariedad y prepotencia, ordenó la prolongación del paseo Orinoco sin importarle para nada tapiar para siempre la histórica Laja de la Zapoara, aun cuando el erudito profesional y talentoso colega Alejandro Gunterman, lamentablemente fallecido, maestro de varias promociones donde me incluyo, en un último intento por persuadirlo del nefasto error, le ofreció un novedoso diseño gratuito que respetaba la ampliación sin necesidad de eliminar la emblemática Laja; pero, la terquedad ministerial se impuso…y, como siempre, chiiiita la autoridad municipal con su silencio cómplice.
¿Cuándo Ciudad Bolívar tendrá, como se merece, una Alcaldía que le sea útil?
La frase: La impericia negligente de un administrador electo, sin apropiarse ni de un céntimo, ocasiona a la colectividad pérdidas y daños por centenares de millones, y no hay castigo en los tribunales.
(*)Ingeniero civil.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



No hay comentarios:
Publicar un comentario