Sin efectividad socialista
sólo hay sueños
M.A. Guzmán Gómez (*)
En la anterior república la palabra socialismo jamás fue tema importante a debatir; más aún, muchos la ignoraban por completo y, por su lado, los países opresores de pueblos que se desarrollaron con un único afán imperial colonizador para el dominio explotador absoluto del hombre, se encargaron de desprestigiar e inclusive satanizar el vocablo y toda acción que hiciera referencia a lo social. Y si de pobreza se trataba ¡era como nombrarles el diablo!. La condición humana no importaba para nada y sí un capitalismo salvaje como bien lo denominó el Papa Juan Pablo II.
Fue así como en Venezuela nunca antes se presentaron programas integrales, como ahora, para combatir con eficacia la miseria que imperaba por doquier, por el contrario, mas bien inundaron al país de la más vil pobreza a toda escala y, por supuesto, excluyeron a la gran mayoría de los venezolanos de toda oportunidad para salir del atraso; fueron décadas oprobiosas donde la nefasta marginalidad se instaló con vesania, creando un sombrío panorama perverso en los vastos sectores de familias cada día viviendo muriendo…
Venezuela no era de los venezolanos….se levantaba un país ficticio para pocos y la Venezuela real se extendía agonizando.
A todo ese caótico desastre abismal le llegó el alba cuatrofebrerina y le dió “ la vuelta a la tortilla”. Fue como un segundo 23 de enero, cuyo verdadero espíritu resucitó desde los cuarteles bolivarianos para dar al traste con la viciosa y senil política paleozoica que tanto daño le causó al país desangrándolo y empobreciéndolo sin piedad, mientras nuestros inconmensurables recursos engordaban los bolsillos de los agentes del asalto y el cohecho, internos y foráneos. Era la Venezuela ficticia entregada al trasnacionalismo gubernamental norteño e infame.
Desaparecida esa pesadilla irrepetible, los venezolanos hemos decidido construir un país soberano totalmente nuestro y digno –valga la redundancia -, donde la solidaridad sea el emblema prioritario unido a la convivencia fraternal, la ayuda al prójimo como al familiar, el respeto compartido “dando de sí antes de pensar en sí”, enalteciendo el trabajo productivo con proyección social, erradicando los privilegios irritantes y el malsano individualismo que tanto nos aleja de los estimulantes criterios colectivos de las cosas, dentro de un clima armonioso disfrutable en libertad y verdadera democracia, hacia una patria sana y normal, todo lo cual constituyen las semillas indispensables para seguir sembrando nuestro propio socialismo, eso sí con mucha efectividad pues sin ella solo hay sueños…
La frase: “Una sonrisa cuesta menos que la electricidad, pero da más luz”.
www.maguzgo.blogspot.com/(*)Ingeniero civil.
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