Ciudad Bolívar no pierde la esperanza
M.A. Guzmán Gómez(*)
Toda ciudad en el mundo, aledaña a un río o mar, se desarrolla y crece, obligatoriamente, consustanciada con su inigualable corriente de belleza natural; solo Ciudad Bolívar ha sido la excepción, al causarle todos los gobiernos municipales, paradójicamente, tanto daño desmedido impulsado por unas crecientes y perversas negligencias e irresponsabilidades edilicias, donde destaca, por supuesto, haberla dejado “crecer” a espalda de su río, con anarquía y desorden total, de invasión en invasión, sin criterio urbano ni Plan rector y, peor aun, hacia las cotas mas altas y, de esa vil manera, por ejemplo, elevar exponencialmente los costos de los indispensables servicios públicos – agua, luz, aseo, drenajes, transporte etc. -, tal como acontece.
Para que se tenga una idea, la diferencia altimétrica entre el paseo Orinoco y la perimetral – que dejó de serlo - es nada menos de ¡120 metros!. Suministrarle agua potable por tubería a esos sectores producto de invasiones incontroladas, a esa altura, exige elevados presupuestos y mayor energía eléctrica para el bombeo y rebombeo inevitables, que la empresa estatal Hidrobolívar, hay que decirlo, viene enfrentando con notoria eficiencia técnica-gerencial y mucha proyección social.
Así como la gran aliada de la hidráulica es la gravedad, su gran enemiga es la altitud.
Muy diferente - obvio - si el crecimiento de nuestra capital bolivarense hubiese sido orientado por la sensatez e idoneidad y no por la incapacidad manifiesta de funcionarios locales cómplices, sin probidad ni rectitud, que le “construyeron” a Ciudad Bolívar un caos urbanístico deprimente, cuyo deterioro se acentúa con las inevitables calamidades para toda la población y desvalorización inmobiliaria, afectada impunemente por cuanto tarantín, kiosco, tinglados y lo que se le ocurra a cualquiera instalar en cualquier lugar, a cualquier hora y momento..
Qué distinta, agradable, confortable y vivible, sería Ciudad Bolívar si hubiese tenido su expansión planificada, obligada, este-oeste, a lo largo de su río, nunca alejada de él, tal como disfrutan a plenitud, por ejemplo, los sevillanos (España) y los parisienses (Francia) sus placenteros ríos Guadalquivir y Sena, respectivamente. ¡Qué dichosos!.
¡Pero nunca como nuestro inmenso, majestuoso e imponente Orinoco con sus bondades, satisfacciones, bellezas, auroras, atardeceres, paisajes crepusculares que nos ofrece permanentemente, sin pedir nada a cambio, solo cuidarlo de la contaminación.
El verdadero cambio es “voltearle la tortilla” a tanta calamidad injusta que padece Ciudad Bolívar. El colega y nuevo alcalde, Víctor Fuenmayor, pareciera tener toda la intención, pero…. ¿Se quedará en el propósito?. Sería imperdonable. Por cierto, ¿para cuándo los drenajes?.
A ninguna otra bella ciudad en el mundo se le ha hecho tanto daño en tan poco tiempo.
¡Volvamos a nuestro río Orinoco!. Ciudad Bolívar no pierde la esperanza..
RETAZOS: 1) Nuevos líderes urgente necesita la terca oposición; así lo anunció el escuálido poder de convocatoria de la marcha piche el primero de mayo…2) Muy difícil que Obama humanice su gobierno, como aspira el mundo, mientras siga intacto el tenebroso zoo de halcones. 3) Se observa en muchos de los nuevos agentes de la policía, un trato mucho más cordial y de manifiesto apoyo ciudadano. Buen augurio.
La frase: “El dinero es lo más barato de perder”.
www.maguzgo.blogstop.com/maguzgo@hotmail.com/(*)Ingeniero civil.
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